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jueves, 4 de agosto de 2011

LA MEMORIA HISTORICA DEL PUEBLO BOLIVIANO

03-08-11

Pronunciamiento de la

Plataforma de Luchadores Sociales

LA MEMORIA HISTORICA DEL PUEBLO BOLIVIANO

Hoy día 3 de agosto, la alcaldía municipal el gobierno han realizado un cato de conmemoración a dos de los mártires de la democracia que ofrendaron su vida en la lucha anti-dictatorial de los años 1964-1982, durante las brutales dictaduras de Barrientos, Bánzer y García Mesa.

Se tartó de los compañeros Rainer Ibsen Cárdenas y José Luís Ibsen Peña (padre e hijo) a quiénes la la dictadura de Bánzer hizo desaparecer en octubre de 1971 y febrero de 1973.

El editorial de “Cambio” nos entrega algo que ya conocíamos nosotros también como combatientes anti-dictatoriales. Sin embargo es bueno que el periódico oficial del Gobierno, reconozca los siguientes datos:

«El Comité Impulsor del Juicio contra García Meza, asegura que fueron denunciadas más de 14 000 detenciones ilegales de personas, muchas de las cuales fueron sometidas a crueles torturas, más de 6 000 exilios y torturas y la desaparición forzada de más de 70 personas. Igualmente ese Comité sostiene que durante la dictadura de 16 días de Alberto Natush Busch, agentes asesinaron a 76 personas en La Paz, hicieron desaparecer a 140 personas y provocaron heridas graves a otras 204. El régimen de García Meza es responsable de la desaparición de 22 personas y del asesinato de otras 52. Asofamd denunció en mayo de 1990, que 156 personas desaparecieron en Bolivia: 76 durante la dictadura banzerista, 34 bajo el régimen de Natusch y 4 durante la dictadura de René Barrientos. No obstante que hace 29 años Bolivia recuperó su democracia, muchos represores aún pasean su impunidad en las calles, otros murieron sin ser castigaos (Bánzer), sólo algunos fueron procesados, sentenciados y encarcelados (García Meza y Arce Gómez)…»

Sigue el editorial de Cambio:

«En este sentido, el Ministerio de Justicia y el Gobierno Autónomo Municipal de La Paz, rindieron homenaje póstumo a dos mártires de la democracia… Un caso de justicia, porque los bolivianos no podemos olvidar que gracias a la lucha y al sacrificio de nuestros mártires pudimos cimentar nuestra democracia, y en cuyo regazo edificamos el Estado Plurinacional, antirracista y incluso digno y soberano…..»

Muy buenas las expresiones del editorial de hoy de “Cambio” que, sin embargo, se contradicen dramáticamente con el accionar del Ministerio de “Justicia” y su comisión Técnica de Calificación (CONTECA), que ha negado ese reconocimiento a más de cinco mil represaliados que presentaron sus solicitudes de acuerdo a la ley 2640 de resarcimiento. Los restantes 10 000 de los 14000 que se señalan en el artículo, sencillamente son ignorados maliciosamente, Se han reconociendo ridículamente sólo a unos 1500.

Es pues altamente contradictorio el accionar del Ministerio de Justicia que parece considerar la represión fascista como casos particulares desconociéndose el carácter masivo que tuvo esa represión la que se hace referencia.

La Plataforma de luchadores sociales pondera en alto grado el homenaje a los compañeros Ibsen y conminan al Ministerio de Justicia a actuar de conformidad con ese mismo criterio en cuanto se refiere a los compañeros y camaradas ex-presos, ex-exiliados y ex-perseguidos de las dictaduras.

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FUA
Estudiar y luchar preparando la guerra popular
Este documento también lo puede encontrar en www.fuagrm.blogspot.com

21 de julio de 1946 Insurrección popular triunfante DERROCAMIENTO DEL MNR Y LA RADEPA

21 de julio de 1946

Insurrección popular triunfante

DERROCAMIENTO DEL MNR

Y LA RADEPA

Llega el 21 de julio de 1946 y el régimen Villarroel-Paz Estenssoro-Radepa, se viene abajo en medio de una enorme insurrección popular incubada en los estratos bajos de la población, entre los grupos de trabajadores, entre los estudiantes, los maestros y otras capas progresistas.

La historia del 21 de julio de 1946, es de difícil comprensión. Y lo es no precisamente porque sea confusa o de complicada naturaleza. La dificultad radica en la gran cantidad de estudios, artículos, libros y trabajos de investigación que se han hecho partiendo de supuestos falsos para no entrar en colisión con una interpretación que agresivamente se ha ido imponiendo en la historiografía nacional, apabullando sistemáticamente cualquier opinión en contrario y presentándola como “rosquera”, “oligárquica” o "comunista".

Una cosa es evidente y está fuera de duda: el régimen Villarroel-Paz Estenssoro-Radepa, se había vuelto muy impopular al cabo de más o menos tres años en el poder. Las masas populares, la opinión pública y las fuerzas progresistas presentían que el país se dirigía hacia una brutal dictadura de tipo enteramente fascista que orgullosamente hacía aspaviento de sus crímenes y delitos. En consecuencia se acumulaba una gran dosis de resentimiento en el pueblo que no podía llevar sino a una explosión como la que, en efecto, se produjo.

A diferencia de otros acontecimientos insurreccionales, el 21 de julio de 1946, no se inicia con un golpe militar, ni con un enfrentamiento entre fracciones militares dominantes. Las jornadas de julio-46, tienen su origen entonces en el cansancio popular frente a un régimen represivo de cinismo desbordante. Semanas antes, los estudiantes, los universitarios, los maestros y otras capas de trabajadores urbanos exteriorizaban sus protestas mediante huelgas y manifestaciones que eran brutalmente reprimidas por la policía y el ejército. Contrariamente a lo que esperaban las autoridades del gobierno, el nivel de la lucha democrática subía en lugar de amainar con la represión. El movimiento, en general, era auténticamente popular y revolucionario, pero naturalmente, la oligarquía minera trataba de jugar sus propias cartas en medio de la confusión política, como no podía ser de otra manera. Intuye la oligarquía estañífera que el MNR y los militares radepistas son los representantes de intereses rivales que intentan desplazarla para asumir por su cuenta la misión perpetuadora del sistema imperante. En estas condiciones, en interés netamente clasista, apoya con todas sus fuerzas la corriente antigubernamental.

Sin embargo, lo importante es que la hegemonía completa del movimiento corresponde al Partido de la Izquierda Revolucionaria (PIR) que, con sus cuadros en función dirigente en casi todos los sindicatos, tenía la posibilidad de liderizar todo el proceso. Esto ocurre días antes de la insurrección y durante la misma como lo veremos con algún detalle.

El punto de vista movimientista comienza, como vimos, incomprendiendo el propio carácter del régimen de Villarroel y ya en cuanto a los acontecimientos de julio, pierde completamente la orientación colocándose en posición antipopular. Naturalmente, si se considera a Villarroel y su gobierno como revolucionarios, toda acción antigubernamental resulta automáticamente contrarrevolucionaria. Pero ésta es una ubicación mecánica y antidialéctica, pues no considera las contradicciones de tipo secundario que se presentan en el frente burgués. Como siempre, las fracciones burguesas buscan utilizar el sacrificio popular para obtener réditos en su ascenso político en desmedro de otras fracciones burguesas y naturalmente del interés popular.

Los autores movimientistas ven el 21 de julio como una tenebrosa confabulación de la oligarquía con el "comunismo" contra la “izquierda” nacional e inmediatamente extraen la conclusión de que ambos siguen las consignas internacionales de la alianza anti-hitleriana europea de la Segunda Guerra Mundial. Si bien la oligarquía estañífera fue siempre un puntual vasallo de los monopolios, no se puede decir lo mismo del PIR, partido que no obstante algunas declaraciones ampulosas nunca fue parte de la llamada Tercera Internacional, jamás tuvo vinculación con Moscú, menos seguía órdenes precisas emanadas de ese centro de poder.

Es sobre todo la literatura trotskista la que, con más insistencia, pregona, por décadas, la presunta sumisión del PIR a los dictados de Moscú, empero, en realidad, el partido político que tendría estrechos contactos con la Unión Soviética y su política sería el Partido Comunista de Bolivia (PCB) fundado mucho tiempo después en 1950 y cuya trayectoria seguiremos con posterioridad cuando sea necesario hacerlo.

Un autor extranjero que vivió bastante tiempo en Bolivia, tiene los siguientes conceptos en torno al 21 de julio, adoptando la posición del "nacionalismo";

«La prensa, la radio y los estudiantes fueron movilizados desde comienzos de julio de 1946 con vistas a dar un golpe decisivo al régimen “nacionalista”. Los fracasos de los golpes de mano intentados el 20 de noviembre de 1945, el 15 de mayo y el 13 de junio de 1946, le mostraron a la “rosca” que el camino no podía ser otro que la movilización de las masas... En la primera quincena de julio de 1946 estallaba una huelga de maestros demandando reajuste de sueldos y reconocimiento de sus derechos sindicales. El movimiento fue secundado inmediatamente por los estudiantes secundarios, a los que más tarde se habrían de agregar los universitarios. Lo sorprendente de ese movimiento huelguístico fue el “desinteresado” apoyo que le prestaron desde sus orígenes la prensa, el comercio y la “gente bien”.

Las manifestaciones callejeras fueron tomando un rasgo de violencia cada día más acentuado. La muerte de un manifestante en uno de los tantos choques con la policía, dio a los conspiradores la bandera que buscaban. Ormachea Zalles (Rector de la Universidad) apareció como la cabeza visible de la conspiración, pero tras él se ocultaban las fuerzas reaccionarias de la baronía del estaño. El 18 de julio eran asaltados los mercados so pretexto de escasez y altos precios. Varios “varitas” (agentes de tránsito. N.n.) eran asesinados y mutilados por la chusma enardecida por la prédica y el alcohol. Los agentes provocadores daban así el campanazo sobre lo que pensaban hacer más tarde. El ministro de Gobierno (Tte. Coronel Pinto), seducido por la promesa de Ormachea de que él sería llevado a la Presidencia en reemplazo de Villarroel, decidió traicionar a su jefe y hermano de logia.....

El 21 de julio se puso en práctica un bien premeditado plan de ataque. La Municipalidad, el Departamento de Tránsito y el arsenal eran asaltados por la multitud, que logró vencer toda resistencia y apoderarse de las armas. Así rearmada la masa se dirigió al asalto del regimiento "Calama" y del Palacio. El ejército había abandonado a su jefe, después de haberlo forzado a apartarse de sus colaboradores civiles. La chusma enfurecida y alcoholizada penetró hasta el despacho presidencial, en donde un balazo disparado a quemarropa puso fin a los días de Villarroel. A continuación sus colaboradores y el propio Presidente eran bestialmente masacrados por el populacho y sus cuerpos colgados de los faroles de la Plaza Murillo.....» (1).

Agustín Barcelli, es un artesano de la pluma que, sin conocimientos sociológicos profundos, intenta hacer una interpretación de los acontecimientos de julio cayendo mansamente en los estereotipos movimientistas repetidos hasta el cansancio.

En las consideraciones sobre el 21 de julio de 1946, otra vez se destaca el papel “revolucionario” del MNR y la posición “reaccionaria” de la “izquierda tradicional”.

La cita de Sergio Almaraz, el máximo representante de la “izquierda nacionalista”, es la siguiente:

«A nadie podría extrañar la coalición de la Embajada de EEUU, “barones” del estaño y terratenientes para colgar a Villarroel de un farol de la plaza Murillo, de La Paz, el 21 de julio de 1946. Sin embargo, lo aberrante fue la entusiasta participación en el ágape plutocrático de la “izquierda tradicional”….».(2)

Almaraz olvida qué él mismo era parte de la juventud del PIR y después fundó el Partido Comunista, ambos señalados después por él mismo como la izquierda tradicional. Incoherencias.

En el punto central, hemos señalado más de una vez que nuestra interpretación del 21 de julio de 1964 es completamente diferente a la del “izquierdismo nacional”. Si bien es cierto que durante la Segunda Guerra Mundial se dio un panorama muy complicado por la vicisitudes de la política internacional, es claro que los regímenes populistas de Perón en la Argentina, Moriñigo del Paraguay y de Villarroel de Bolivia, mostraban una clara tendencia pro-fascista al extremo de ser precisamente los tres países los que recibieron la calaña fascista que huía de Europa por su derrota en la Guerra., un hecho que jamás pudo ser desmentido por los “izquierdistas nacionales”. (3)

El 21 de julio fue un gran levantamiento popular contra un régimen pro-fascista que asesinaba a los sindicalistas, a los socialistas, a los comunistas en Coati, donde algunos prisioneros fueron arrojados vivos a las aguas heladas del Lago. El 21 de julio no fue ninguna asonada organizada, fue una insurrección popular espontánea cuyo resultado fue el advenimiento de la derecha por la defección del PIR que no tuvo la osadía de hacerse del poder político cuando era la fuerza política dominante.

La llamada rosca estaba, efectivamente, interesada en la caída de Villarroel. Empero ella, para implementar cambios de gobierno, tiene recursos muy propios e inconfundibles: fundamentalmente el golpe militar. No es pues pertinente atribuir a la rosca la organización de una insurrección popular. Las masas, debe saberlo Barcelli, se mueven en defensa de sus intereses, de sus profundas reivindicaciones y lo hacen siempre justamente para liberarse de la opresión y la represión. Este es el caso del 21 de julio. La rosca mueve sus hilos en otras instancias y ante todo en los niveles castrenses que son los del instrumento técnico de la dominación de clase. Rechazamos, entonces, por absurdo el criterio de la organización de la insurrección por parte de la rosca.

El problema de las masas enfurecidas, alcoholizadas; de la chusma, el populacho y otras expresiones semejantes, es una constante en el análisis movimientista del 21 de julio. Parece que, por arte de magia, hubiera desaparecido el ejército y dueñas absolutas de las calles, las masas alcoholizadas hubieran perpetrado toda serie de excesos y bestialidades. De acá arranca, pues, una peligrosa concepción burguesa de desprecio a las masas y sus afanes de libertad. La masa, sin personalidad, completamente alienada, enfurecida y movida por extraños hilos mágicos que digitan los oligarcas, arremete contra los buenos y angelicales militares radepistas que, indefensos, son abandonados a la furia de la chusma.

Es este un cuadro falso que tenemos la obligación de desmontar pieza por pieza.

Lo más importante es dejar plenamente establecido que la “chusma” es en verdad el héroe de toda nuestra historia: el pueblo boliviano que comenzó levantándose lentamente, ganando paulatinamente cada palmo de terreno en la lucha desigual contra un ejército armado hasta los dientes y con oficiales del tipo de Edmundo Nogales, Francisco Barrero, Monje Roca, Escobar y otros que discuten cínicamente con Villarroel, la “necesidad” de masacrar al pueblo (4).

Los revolucionarios que inicialmente son simples manifestantes, van adquiriendo mayor valor mientras nuevos elementos se pliegan a la lucha. La masa revolucionaria se anima y con piedras y palos ataca algunos puntos débiles del régimen y los toma con relativa facilidad. Allí se consiguen algunos armamentos. Aparecen los primeros grupos armados. El valor y la decisión crecen vertiginosamente y se decide atacar nuevos objetivos. No existen planes de ninguna naturaleza como lo afirma el movimientismo y todo se realiza con rapidez espontánea en medio de una fervorosa necesidad de derrotar completamente al militarismo.

Cae la Municipalidad en manos del pueblo e inmediatamente después el edificio de la Dirección de Tránsito. Las bajas que sufren los combatientes populares son altas y naturalmente eso enciende más aún el rencor contra quienes disparan a mansalva Sin embargo, nada detiene a la masa popular que arremete embravecida los cuarteles.

Tenemos a continuación otra perspectiva de los acontecimientos:

«La clase trabajadora no participó desde el comienzo en la insurrección. Simpatizó con los que se oponían y luchaban contra el gobierno, se mantuvo casi ajena a los sucesos. Algunos dirigentes sí participaron... Pero no lograron arrastrar a los trabajadores desde los primeros instantes. Luego, la clase obrera, superando a sus propios líderes, bajó al terreno de la acción y llevó mucho más lejos que nadie hubiera podido suponer que irían los acontecimientos....

Todos, hombres, mujeres y niños, se han arrojado a las calles. Una alucinada esperanza los empuja con creciente ritmo de fiebre. Ha desaparecido completamente el miedo... No hay dirección central. No hay siquiera dirigentes conocidos. Es el hombre común, el ciudadano cualquiera, el que asume, cuando el caso llega, el comando de un grupo...

Así concluyó la resistencia del “Calama”. Así concluyó, también con ella, la última resistencia organizada en La Paz. La ciudad está en manos del pueblo. Sesenta mil fusiles tienen los insurrectos. Tienen también quinientas ametralladoras y otras armas. Tanques y cañones están asimismo, en poder de las masas. Se domina la ciudad más importante de la nación. La nación, en su cabeza, se encuentra dominada.... Obreros organizan milicias para asegurar el orden. También organizan milicias los universitarios....

Milicias obreras y estudiantiles actúan... Barrio por barrio silencian los focos de agresión..... Una lucha en la que murieron más de dos mil seres humanos ... las fuerzas de represión del Estado, llamadas siempre “fuerzas del orden público”, desaparecieron. El pueblo, en cambio, es una fuerza armada.....

La más profunda y popular insurrección de la historia americana......» (5).

Esteban Rey, periodista extranjero, pinta en breves párrafos, el verdadero carácter del 21 de julio. Como él no tiene nada que defender ni justificar, tiene su versión valor incalculable y muestra el profundo contenido popular de la insurrección que nace y crece en el seno de las masas populares y se desarrolla al calor de sus intereses supremos.

Los militares pro-fascistas de la RADEPA están aterrados y huyen precipitadamente del Palacio Quemado que es el único reducto no alcanzado por las masas. Los asesinos de Chuspipata, Challacollo y Caquena, saltan paredes y se descuelgan a las casas vecinas. El pueblo los persigue encarnizadamente y finalmente encuentra en uno de los rincones de Palacio a Villarroel y algunos de sus edecanes. Villarroel intenta hablar con los asaltantes del Palacio, pero en respuesta recibe un balazo mortal. La muchedumbre se apodera del cuerpo sanguinolento y lo arroja por un balcón a la calle. Destrozado el cadáver es colgado macabramente en un farol de la Plaza Murillo, junto a él son también linchados otros dos custodios del presidente.

Considerado como un hecho aislado, es natural que nadie trata de justificar el asesinato de Villarroel, pero sí se lo puede explicar. No obstante, el grado de ferocidad que adquiere la lucha va condicionando poco a poco al accionar general de las masas. Cientos de cadáveres están esparcidos por las calles como efecto de la orden de balear indiscriminadamente al pueblo, hay décadas de odio acumulado en el alma de un pueblo que merece mejor destino. Nadie puede pues pedirle que sea magnánimo cuando puede decidir sumariamente el castigo que corresponde a todo un sistema de gobierno cuyo representante máximo se encuentra en sus manos. El pueblo castigó severamente a Villarroel y lo hizo de acuerdo a un veredicto que fue elaborando desde tiempos atrás. Otros, quizá más culpables que Villarroel, es decir los que instigaron los crímenes del régimen lograron escapar y la culpa toda recayó en el jefe de la Logia que es inmolado en el fuego de la justicia popular.

Nosotros pensamos que todos los militares que cometen crímenes y abusos sin nombre contra el pueblo, deberían recordar a Villarroel. Ellos deberían pensar que si no les pasa lo mismo, es porque el pueblo no puede hacer una insurrección popular triunfante cada fin de semana. Empero, cuando logra realizarla, ¡guay del militar que se encuentre al alcance de sus poderosos brazos!

La insurrección popular ha triunfado…

Los regimientos que no han sido derrotados tienen que volcar la visera hacia atrás como signo de sumisión al pueblo.

Rey tiene toda la razón: “no hay duda del carácter realmente popular del movimiento del 21 de julio”.

Emper veamos cómo se comporta la dirigencia pirista que es la que se encuentra más cerca de la condición de dirigente de la insurrección. Los Comités Tripartitos (Obreros, estudiantes y maestros) que habían estado funcionando durante la insurrección, intentan débilmente defender su supervivencia, como expresiones autenticas de la voluntad de las masas combatientes.

El PIR, por el contrario, apoya la disolución de los mismos y propugna la elección de un Presidente provisional que recae en la persona del Presidente de la Corte de Justicia de La Paz don Tomás Monje Gutiérrez. A partir de entonces, todo vuelve a su cauce “normal” y las masas desconcertadas entregan sus armas de nuevo a sus verdugos que se apresuran a reconocer al mediador de una disputa en la que habían sido derrotados en toda la línea.

¡Se ha consumado una traición más en la historia nacional!

¡Se ha entregado en bandeja de oro el poder capturado por las masas, de nuevo a la oligarquía estannífera.

El PIR ridículamente trata de demostrar su carácter “democrático” y lo único que logra es mostrar su total desconocimiento de las leyes del desenvolvimiento social en medio de un criterio conciliador inaceptable. Sin respetar el sacrificio heroico de las masas y pudiendo constituirse en su fiel representante, prefiere adoptar el cargo vergonzoso de suplente en la mesa tendida de las clases dominantes. Después de semejante traición, nada podía evitar la defunción de un partido incapaz y cobarde.

Pero no es sólo eso. La historia que construye el MNR y una “izquierda nacional” desubicada, se encarga de remitir al PIR la responsabilidad de los colgamientos que habrían sido planificados por la “Rosca” y verificados por el PIR. Toda esta mitología es falsa, naturalmente.

Nosotros sostenemos que nadie “planificó” colgar a Villarroel, que nadie “planificó” la insurrección de julio-46. Ambos acontecimientos fueron obra del pueblo. En cambio, la traición pirista de entrega del poder a la derecha, fue consciente, porque efectivamente el PIR fue siempre un partido democrático-burgués que predicaba, sin entender, un marxismo vacío y altisonante.

La insurrección popular triunfante del 21 de julio de 1946, pasa a nuestra historia como un episodio excepcional, como una demostración fehaciente de la capacidad, la abnegación y el coraje de un pueblo valiente y sacrificado. Reivindicamos pues, con emoción, la bravura de nuestras masas populares y su inclaudicable esfuerzo que algún día, no muy lejano, fructificará con seguridad en una victoria aún más grandiosa y esta vez, definitiva.

Notas.

1. Barcelli, Agustín. “Medio siglo de luchas”. Págs. 182 y 183.

2. Almaraz, Sergio. Citado por Andrés Solíz Rada. «Almaraz en la construcción del Estado Nacional». Internet.

3. Roberts Barragán, Hugo. “La revolución del 9 de abril”, Págs. 94 y 95.

4. Céspedes, Augusto. “El presidente colgado”. Págs. 236, 237, 238, 239, 240, 241 y 242.

5. Esteban Rey. “En Bolivia la revolución empieza ahora”. Bs. As. Págs. 77 y 79.

PCmlm

lunes, 11 de abril de 2011

9 DE ABRIL DE 1952 Golpe de Estado e Insurrección Popular


9 DE ABRIL DE 1952

Golpe de Estado e Insurrección Popular

Una vez más, a 59 años de distancia, nos referimos a una temática recurrente que tiene que ver con la historia de las luchas sociales de nuestros pueblos bolivianos. Se trata de la interpretación histórico-política de un acontecimiento tan importante como la insurrección popular del 9 de abril de 1952.

No es un secreto para nadie que por la época, después del golpe que se autoinfirió el presidente Mamerto Urriolagoitia entregando el poder al Gral. Hugo Ballivián comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas; se había difundido un malestar muy grande por el desconocimiento de la victoria electoral conseguida por el MNR y sus candidatos Paz Estensoro y Siles Zuazo en las elecciones del año de 1950.

El MNR venía preparando, a marchas forzadas distintos proyectos de golpes de Estado que repusieran la “legalidad” y restituyeran el gobierno a los vencedores legítimos de la contienda electoral pasada. Efectivamente el Golpe, en el que tienen mucha experiencia los militantes del MNR, se dibujaba con la participación del Cuerpo Nacional de Carabineros y el Ministro de Gobierno de Ballivián, el General Antonio Seleme.

Por otro lado, Oscar Unzaga de la Vega, Jefe de la Falange Socialista Boliviana, igualmente, manipulaba la misma posibilidad con la complicidad del Comandante del Ejército Humberto Torres Ortiz. Según la versión muy creíble de Hugo Roberts Barragán, se intentó un acuerdo entre ambas confabulaciones cuando una delegación del MNR y Seleme, compuesta por Siles Zuazo y Edmundo Nogales se presentó ante Unzaga de la Vega para convencerlo de aunar esfuerzos golpistas. Unzaga pidió algunas horas para responder a la propuesta y en realidad fue para consultar con su aliado el Gral. Torres Ortiz. Esta maniobra se habría concretado ya en la mañana del 9 de Abril.

Como los acontecimientos se precipitaron y la asonada golpista ya se encontraba en funcionamiento, el acuerdo no se produjo y por el contrario, Torres Ortiz pasó a la defensiva salió de su domicilio para no ser apresado y se dirigió a El Alto a concentrar sus unidades militares y se preparó para aplastar el golpe con las Fuerzas Armadas.

El golpe mismo se anunció a las 6 de la mañana del el 9 de abril. Los principales centros administrativos y el Palacio de Gobierno fueron rápidamente tomados por los golpistas del MNR y Carabineros. Todo parecía tranquilo y el golpe parecía consumado. Así transcurriría la tarde del 9 de abril y parte del día 10. Empero la situación de indefinición no podía mantenerse. Poco a poco comenzaron a aparecer grupos populares que se dirigían a los centros policiales, a los cuarteles y a los arsenales y polvorines.

Al anochecer del día 9 reina una confusión completa y según todas las fuentes consultadas, el ejército parece llevar la mejor parte pues ha completado su concentración y tiene que combatir con reducidos grupos de insurgentes y dos regimientos de carabineros; el pueblo, en realidad, no ha participado todavía activamente en la contienda.

Desde El Alto, el Gral. Humberto Torres Ortiz, anunciaba su rechazo al golpe y movilizaba sus efectivos para sofocar el Golpe y restaurar el “orden”. Inmediatamente y en forma agresiva, comenzó a dislocar sus unidades dirigiéndose al centro de la ciudad de la Paz.

Aterrados los movimientistas y carabineros, tomaron inmediatamente las de Villa Diego. Seleme se introdujo atropelladamente en la embajada de Chile, Siles Zuazo, el líder del MNR se cobijó en la casa de su amigo el Dr. Fulvio Ballón Viscarra en la zona del Montículo de Sopocachi. El Golpe había fracasado y los golpistas se ponían a salvo en distintos escondites.

En forma completamente espontánea se fue estructurando un poderoso movimiento de carácter insurreccional que crecía con el paso de las horas. El día 11 de abril en la mañana ya eran enormes los contingentes de combatientes populares de todo tipo que asaltaban los recintos del poder político.

La batalla fue encarnizada pues las fuerzas militares de Torres Ortiz, recibieron el refuerzo de los cadetes del Colegio Militar de Ejército que salieron a defender al Gobierno ya depuesto, pero decididos a impedir la aniquilación y la derrota de los militares.

La batalla fue sangrienta y enconada, ninguno de los bandos pedía ni daba cuartel y las bajas de muertos y heridos se acumulaban en grandes cantidades. No se tienen datos precisos de las bajas que se dieron en esta batalla que cambió, en gran parte, la historia de Bolivia.

Mientras tanto, Seleme, el general de la traición, casi como todos los generales, ante el fracaso de la conspiración como tal, huía precipitadamente y se asilaba en una embajada. En verdad, con la huida de Seleme terminaba la fase tradicional y golpista de abril y se abría la nueva, la fase revolucionaria con nuevos protagonistas y metodología completamente distinta. Sin embargo, no es sólo Seleme quién se retira aterrado por el fracaso de la conjura. Siles Zuazo y el comando movimientista se reúnen apresuradamente y según la versión del militante movimientista Valdivia Altamirano, plantean la necesidad de lograr un compromiso con las fuerzas “leales” del Gral. Torres Ortíz. El plan de Siles se podía resumir en un punto: la organización de un gobierno mixto formado por el ejército y el MNR. Torres Ortíz contestó que:

«No estaba dispuesto a tratar con subversivos mientras éstos no depusieran las armas y que si no lo hacían a las 6 de la mañana del día 10, la ciudad sería bombardeada de El Alto y arrasada sin contemplaciones» (1).

Pero, al margen de los planes de los conjurados que ya se habían agotado y de los “leales” que parecían tener ganada la partida, surge como un gigante el mediodía del 10 el pueblo combatiente que durante todo el día 9 se había ido preparándose anímicamente y por fin encontraba la coyuntura precisa para implementar el movimiento de todas sus capacidades y fortalezas.

Sin darse la menor cuenta, el MNR había jugado el papel del detonante. Sin quererlo y sin buscarlo, la conspiración y la respuesta lenta y mecánica del ejército habían tocado precisamente el punto neurálgico de la inspiración revolucionaria de nuestro pueblo. La vacilación de los contendientes y la confusión generalizada posibilitó la emergencia del factor PUEBLO con una claridad que es imposible ignorarlo.

A partir de entonces, las horas de la media mañana del día 10, cambió radicalmente toda la situación y la subversión tradicional civil-militar da paso a la obra más destacada y significativa de los pueblos cuando han alcanzado el máximo nivel de su lucha: la guerra del pueblo.

Inmensas marejadas humanas emergieron de la milenaria opresión de un pueblo que jamás dejó de combatir. Masas de pueblo combatiente se echan a las calles para aplastar a un ejército de enanos. Las armas, a estas alturas de la lucha, no importan, es igual tener una ametralladora o un cuchillo, una piedra o una granada, un palo o un tanque. Aquí sólo tiene importancia el hombre, los hombres y las mujeres y los niños y los ancianos.

« Los grupos de combatientes que amenazaban un peñón ocupado por los soldados del regimiento "Lanza", sonrieron. Comprendían que la derrota de los enemigos estaba más cerca que nunca del peñón. Sonaron dos disparos de revolver como dos notas desacompasadas, sueltas, de la melodía que se ejecutaba. El aire recibió los estampidos y los delató largamente Los combatientes se miraron.....

Y la gente, armada de piedras y palos, se lanzó al asalto encabezada por dos obreros que empuñaban unos rifles viejos que, ayer en la tarde, habían recibido en la secretaría de la Federación de Trabajadores Fabriles.

Los atacantes subieron profiriendo gritos y lanzando piedras. Los dos obreros fueron los primeros en llegar y ser divisados por los sorprendidos conscriptos.

¡Los civiles!, gritaran y echaron a correr despavoridos, abandonando sus armas.

El primero en huir fue el capitán Oscar Lavayén, que estaba al mando del grupo de soldados. Tomaron el bastión que dominaba algunas importantes calles de Miraflores. Los dos fusileros no se detuvieron: siguieron en persecución de los conscriptos y del capitán, lanzando tiros al aire. Algunos soldados que por el cansancio no pudieron escapar, se entregaron llorando y temblando. Los rostros estaban desencajados por el hambre, el miedo y la fatiga. Llegaron más grupos de combatientes.

Al llegar al puesto estratégico que ocupaban los soldados del “Lanza”, casi un hoyo en plena ceja, hallaron un mortero, una ametralladora, tres fusiles y bastante munición. Y también encontraron a un soldado agonizante. Se acercaron a socorrerlo.

¡Agua!, pidió el soldado.

Las mujeres, presurosas, al instante trajeron bastante agua. El conscripto estaba herido en el pecho. Le hicieron sentar y desabotonáronle la blusa.

Se había desangrado mucho.

¡Aguita!, volvió a pedir. Le dieron de beber. Notablemente recuperó por un instante. Habló con dificultad:

El capitán.. mi capitán me ha baleado porque queríamos darnos la vuelta . Yo soy mecánico, obrero soy de Potosí.

Y la muerte ya estaba encima. Una mujer del pueblo lloraba..» (2)

En apoyo de la vigorosa insurrección popular que se desarrollaba en La Paz al medio día del 10, contingentes de trabajadores mineros de los centros aledaños comenzaron a llegar a la ciudad armados sobre todo de dinamitas. He aquí un relato dramático en tomo a la movilización de los mineros:

«A eso de las diez, los motores de los cuatro “Inter” roncaban en las laderas de Chacaltaya, llevando ciento treinta mineros con los bolsillos repletos de explosivos..

A media mañana se acercaban a El Alto. Pararon. El jefe del sindicato los reunió: “A ver cuarenta. A este lao” -- Se apartaron cuarenta mineros de miradas torvas. – “Ustedes van a ir a tomar el base aireo” – “Otros cuarenta.. ¡Ya! Ya' PS. Ustedes vayan más aquí del Alto de Lima, toman el camino”—“El resto, conmigo, a la garita del Alto” Y a todos: --“Yo voy a terar el denameta. Esa es el señal”.

El Hermógenes iba detrás del jefe, a gatas, como todos, saltando, como lagartijas, entre las matas de pajas amarillas. Ya se acercan.. El Jefe se yergue de repente, muerde la cápsula metálica, prende la mecha y, con un grito salvaje, la arroja: “Aura, carajo”

Un oscuro ancestro despierta gritos raros y feroces en los broncos pechos. Estallan las dinamitas esparciendo filudos cantos de piedras deshechas. Vuelan brazos, cabezas, pedazos de muros y techos. Se trizan y retuercen armas y hierros..

-- “Los mineros, se derrama el grito entre los combatientes. Se les humedecen las pupilas de emoción a los “fabriles” que se batían entre los eucaliptos de Munaypata y Pura-Pura: lloraban los carabineros y civiles que habían tomado, perdido, retomado y vuelto a perder el cerrito de Callampaya; gritaban y sacudían sus armas los civiles que desde el amanecer detuvieron el avance del “Sucre” y el “Perez”, por el lado de Tembladerani.

Ahora, en un empeño heroico, los revolucionarios obligan al enemigo a replegarse. Aquí, un civil se queda “ahí mismito”!, junto a un pedregal: en su camisa florecen tres “kantutas” cárdenas. Allá otro corre loco, en ansia hazañosa, para, a poco, caer en un cañadón, quebrándose sobre sí mismo como una airosa “sehuenca” que tronchara el viento. Los revolucionarios trepan los cerros hacia El Alto. Lentamente, en heroica lucha, suben los difíciles taludes de la Historia.

“Los mineros” --, cunde al pánico entre los enemigos.

Los mineros toman la Base Aérea. El “Bolivar” abandona sus piezas y se entrega. Grupos de infantes del “Perez” y del “Sucre” desfilan con los brazos en alto. Se rinde la Escuela Técnica de Viacha y el “Abaroa”.

Nuevos grupos civiles se arman con las armas capturadas y, mientras unos conducen a los “rendidos” al Penal de San Pedro, otros corren a reforzar las líneas ya débiles de los defensores de Killi-Kilii; Miraflores, Laikakota, Sopocachi y el Parque Forestal.

Por el Orkohahuira, la avenida Arce, el cauce del Choqueyapu y el Parque Forestal, el “Lanza”, el colegio Militar y el Batallón de Ingenieros, habían ganado ese jueves media ciudad, en avance sangriento cubierto permanentemente por un inhumano bombardeo de la ciudad con morteros y piezas 75. En Miraflores, deshicieron ventanales, hundieron techos, voltearon muros; barrieron hasta el último defensor de las barricadas que los civiles les opusieron en cada esquina. Sus impactos tremendos llegaron hasta cerca de la Universidad, por la avenida Arce. Dejaron tendales de muertos entre catedrales de arcilla azulosa del Parque Forestal.

Pero ya llegan los del pueblo, ¡Jim auqui,! ¡Sonale, tatay! ¡Aura, carajo! Es el principio del fin.. » (3).

La participación popular alcanza al atardecer del día 10 proporciones enormes. Es imposible derrotar semejantes masas humanas que enardecidas luchan frenéticamente por un objetivo que se va dibujando cada vez con mayor precisión: el poder político. La fuerza incontenible de las masas populares convierte súbitamente a la lucha en invencible: los propios conspiradores que en los momentos de dubitación querían tomar el camino de la huida, no podían comprender el carácter del cambio profundo que se había operado en la esencia misma de los acontecimientos. El resultado final se conoce: regimiento tras regimiento se rinde a las fuerzas populares que ocupan y asaltan todo.

Ahora bien, sabemos que una a una fueron destruidas por el pueblo combatiente las unidades militares del ejército oligárquico del estaño. Una a una deponen las armas y se rinden ante el pueblo triunfador. Por último, la unidad de élite de la época, el Colegio Militar, después de enconada resistencia, tuvo que abandonar las armas y rendirse a su vez decretándose inmediatamente y en los hechos la disolución práctica del "Ejército del Estaño".

Desde el punto de vista concreto, es decir en las circunstancias especificas del 9 de abril de 1952, se cumplieron rigurosamente todas estas presunciones teóricas. El instrumento represivo/ejército, salió al combate, asesinando sistemáticamente a todos los que se oponían a su marcha directa hacia los centros neurálgicos capturados por los golpistas al mando del Gral. Se1eme y de no mediar la intervención del pueblo insurreccionado, es seguro que el Gral. Torres Ortiz habría ahogado en sangre el intento golpista.

En abril de 1983, el líder minero y ex-dirigente movimientista Juan Lechín Oquendo, hizo algunas declaraciones que revelan detalles de los acontecimientos del 9 de abril de 1952, las mismas que, en general, vienen a corroborar nuestra línea de razonamiento en la dilucidación de un hecho tan importante en la vida nacional y que actualmente pretende ser transformado en uno más de los tradicionales golpes de estado periódicos en la historia nacional.

Lechín sostiene que Hernán Siles Zuazo, no fue el conductor de la insurrección nacional del 9 de abril de 1952 y que, además, el MNR no dirigió ni orientó ese proceso. El líder minero explicaba que en abril de 1952, se produjo un simple golpe de Estado de las Fuerzas Armadas, encabezado por el Gral. Seleme comprometido con el MNR.

Según Lechín, la actuación de Siles se redujo a una fugaz visita a la Plaza Murillo, donde encaramado en un taxi, dijo:

"Volveremos, venceremos y perdonaremos".

Luego hizo la "V" de la victoria, lanzó vivas al MNR y después desapareció.

Las declaraciones de Juan Lechín, levantaron una gran polvareda sobre todo entre los defensores de la historiografía movimientista que creían haber sentado definitivamente, para la Historia, la versión elaborada por ellos en beneficio del Partido.

Se sostiene, pues, que Lechín, a la hora nona, intenta "cambiar" la historia moderna en tomo a la victoria popular de abril y que por tanto, debe rechazarse de plano tal pretensión. Es cierto que los criterios de Lechín son muy fragmentarios y tienen el defecto de abordar el asunto desde el mezquino punto de vista de su enemistad personal con Siles Zuazo. No obstante esas limitaciones graves, Lechín dice y sostiene una verdad muy importante: el MNR no dirigió, ni orientó el proceso insurreccional, porque sencillamente toda la dirigencia emenerrista puso los pies en polvorosa cuando comprendió que el golpe militar había fracasado. La afirmación de Lechín echa por tierra todas las frondosas construcciones literario-políticas de la historiografía nacionalista, como "dueña" del 9 de abril.

La Historia, para conocimiento de los movimientistas de derecha, “izquierda” o centro, no es un relato parcial y personal dado de una vez y para siempre por un historiador o un grupo de historiadores. La historia verdadera es la socio-historia que significa análisis e interpretación profunda del sentido de los acontecimientos de acuerdo al comportamiento tendencial y sostenido de las clases sociales en su pugna contradictoria. La historia moderna de BOLIVIA tiene que elaborarse de nuevo y entonces tendremos la necesidad de contar con todas las "historias" particulares que existen en torno al 9 de abril.

Se deberá ordenar esos detalles, esos datos teniendo en cuenta su procedencia de clase y finalmente, elevándonos al nivel del materialismo histórico, HACER la historia del 9 de abril con carácter científico. De lo contrario, seguiremos escuchando fragmentarios relatos de lo más anecdóticos alabando o denigrando conductas particulares.

El 9 de abril es pues un acontecimiento muy por encima de sus propios actores con una sola excepción: el pueblo combatiente, que fue el héroe verdadero, el único participe consciente y que al margen de los que quieren cosechar lauros inmerecidos, acumule experiencia y resume su vivencia insurreccional para perfeccionar el método seguro que le dará la victoria definitiva.

Notas.

(1) Valdivia Altamirano, Juan. “La revolución del 9 de abril de 1952”. La Nación. 9 de abril de 1952.

(2) Taboada Terán, Néstor. “La aurora del anhelo victorioso”. Antología de la revolución. La Paz. 1954. Pág. 73.

(3) Soria G., Oscar. “Preces en el carro. Antología de cuentos de la revolución”. La Paz. 1945. Pág. 60. Cita de Liborio Justo (Quebracho). La revolución derrotada. Ediciones Rojas Araujo. Cochabamba-Bolivia. 1967.

PCmlm-Bolivia.


viernes, 18 de febrero de 2011

Entrevista al economista franco-egipcio Samir Amin


02-2011

Entrevista al economista franco-egipcio Samir Amin

La revolución popular en Egipto Rosa Mussaui L'Humanité


Samir Amin analiza en esta entrevista la encrucijada política y económica en que se halla ahora mismo Egipto.



"Desde su fundación, en 1920, por los británicos y por la monarquía, ese movimiento [los Hermanos Musulmanes] ha desempeñado un papel activo de agente anticomunista, antiprogresista, antidemocrático. Es su razón de ser, y la reivindican. Declaran abiertamente: si ganan unas elecciones, serán las últimas, porque el régimen electoral sería un régimen occidental importado, contrario a la naturaleza islámica.

En ese aspecto, no han cambiado nada. En realidad, el Islam político ha sido siempre sostenido por los EEUU. Durante la guerra contra la Unión Soviética, los EEUU presentaban a los talibanes afganos como a héroes de la libertad. Cuando los talibanes cerraron las escuelas para
chicas que habían creado los comunistas afganos, ¡no faltaron en los EEUU movimientos feministas que explicaban que había que respetar las 'tradiciones' de ese país! Eso revela un doble juego: por un lado, el apoyo; por el otro, la instrumentalización de los excesos
característicos de los fundamentalistas para alimentar el rechazo de los inmigrados y justificar las agresiones militares. Conformado a esa estrategia, el régimen de Mubarak jamás luchó contra el Islam político. Al contrario: lo que hizo fue integrarlo a su sistema
político. "

En los acontecimientos que se desarrollan estos días en Túnez y en Egipto, ¿se trata de simples "revueltas populares", o significan la entrada de esos países en procesos revolucionarios?

Se trata de revueltas sociales potencialmente portadoras de la cristalización de alternativas que podrían llegar a inscribirse a largo plazo en una perspectiva socialista. Por eso el sistema capitalista, el capital de los monopolios dominantes a escala mundial, no puede tolerar el desarrollo de esos movimientos. Movilizará todos los medios de desestabilización posibles, presiones económicas y financieras, hasta la amenaza militar. Apoyará, según las
circunstancias, ya falsas alternativas o fascistizantes, ya la implantación de dictaduras militares. No hay que creer una sola palabra de lo que dice Obama. Obama es Bush, con otro lenguaje. Hay en él una duplicidad permanente. De hecho, en el caso egipcio, los EEUU
sostienen al régimen. Pueden terminar juzgando más útil el sacrificio de Mubarak; pero no renunciarán a salvar lo esencial: el sistema militar y policíaco. Pueden vislumbrar su salvación en una alianza con los Hermanos Musulmanes. De hecho, los dirigentes de los EEUU tienen
en mente el modelo paquistaní, que no es un modelo democrático, sino una combinación entre un poder diz-que-islámico y una dictadura militar. Con todo, en el caso de Egipto, una buena parte de las fuerzas populares movilizadas son perfectamente conscientes de todo
eso. El pueblo egipcio está muy politizado. La historia de Egipto es la de un país que trata de emerger desde comienzo del siglo XIX, que ha sido derrotado por sus propias insuficiencias, pero, sobre todo, por las agresiones exteriores repetidamente sufridas.

Estos alzamientos, ¿son sobre todo cosa de jóvenes precarizados, de licenciados en paro? ¿Cómo lo explica usted?



El Egipto de Nasser disponía de un sistema económico y social ciertamente criticable, pero coherente. Nasser apostó por la industrialización para salir de la especialización internacional
colonial, que confinaba al país en la tarea de exportar algodón. Ese sistema logró asegurar una buena distribución de los ingresos a favor de las clases medias, pero sin pauperizar a las calases populares.


Esta página de la historia egipcia pasó como consecuencia de las agresiones militares de 1956 y 1967, que movilizaron a Israel. Sadat y más aún Mubarak han trabajado para el desmantelamiento del sistema productivo egipcio, substituyéndolo por un sistema de todo punto incoherente, fundado exclusivamente en la búsqueda de rentabilidad.


Las tasas de crecimiento egipcias, supuestamente altas e invariablemente celebradas desde hace 30 años por el Banco Mundial, carecen totalmente de significado. Es polvo en los ojos. El
crecimiento egipcio es muy vulnerable, dependiente del mercado exterior y del flujo de capitales petroleros procedentes de los países rentistas del Golfo. Con la crisis del sistema mundial, esa vulnerabilidad se ha manifestado con un brutal estancamiento. Aquel
crecimiento vino acompañado de un increíble incremento de las desigualdades y de un desempleo espantoso que castiga a la mayoría de los jóvenes. Una situación verdaderamente explosiva, que ha terminado por estallar. Lo que a partir de ahora, y más allá de las iniciales
reivindicaciones de finalización del régimen e instauración de las libertades públicas, va a significar una batalla política.


¿Por qué los Hermanos Musulmanes buscan ahora presentarse como "moderados"?

Porque ese el juego que se les pide ahora. Los Hermanos Musulmanes nunca han sido moderados. No se trata de un movimiento religioso, sino de un movimiento político que se sirve de la religión. Desde su fundación, en 1920, por los británicos y por la monarquía, ese
movimiento ha desempeñado un papel activo de agente anticomunista, antiprogresista, antidemocrático. Es la razón de ser de los Hermanos Musulmanes, y la reivindican. Declaran abiertamente: si ganan unas elecciones, serán las últimas, porque el régimen electoral sería un
régimen occidental importado, contrario a la naturaleza islámica. En ese aspecto, no han cambiado nada. En realidad, el Islam político ha sido siempre sostenido por los EEUU. Durante la guerra contra la Unión Soviética, los EEUU presentaban a los talibanes afganos como a héroes de la libertad. Cuando los talibanes cerraron las escuelas para chicas que habían creado los comunistas afganos, ¡no faltaron en los EEUU movimientos feministas que explicaban que había que respetar las "tradiciones" de ese país! Eso revela un doble juego: por un lado, el
apoyo; por el otro, la instrumentalización de los excesos característicos de los fundamentalistas para alimentar el rechazo de
los inmigrados y justificar las agresiones militares. Conformado a esa estrategia, el régimen de Mubarak jamás luchó contra el Islam político. Al contrario: lo que hizo fue integrarlo a su sistema político.


¿Podría decirse que Mubarak ha subcontratado la sociedad egipcia a los
Hermanos Musulmanes?


¡Absolutamente! Les ha confiado tres instituciones fundamentales: la justicia, la educación y la televisión. Pero el régimen militar quiere conservar para sí mismo la dirección, reivindicada asimismo por los Hermanos Musulmanes. Los EEUU utilizan ese conflicto menor en el seno
de la alianza entre militares e islamistas para asegurarse la docilidad de unos y otros. Lo esencial es que todos aceptan el capitalismo tal cual es. Los Hermanos Musulmanes jamás han pensado seriamente en cambiar las cosas. Por lo demás, durante las grandes huelgas obreras de 2007-2008, sus parlamentarios votaron con el gobierno contra los huelguistas. Frente a las luchas de los campesinos expulsados de sus tierras por los grandes propietarios rentistas, los Hermanos Musulmanes toman partido contra el movimiento campesino. Para ellos, la propiedad privada, la libre empresa y el beneficio son cosas sagradas.


¿Y qué perspectivas tienen para el conjunto del Oriente Medio?


Unas perspectivas harto dóciles. Los Hermanos Musulmanes, como los militares, aceptan la hegemonía de los EEUU en la región y la paz con Israel en los términos actuales. Unos y otros hacen gala de esta complacencia que permite a Israel proseguir la colonización de lo que
resta de Palestina.


Samir Amin. Economista franco-egipcio de renombre internacional, miembro del Consejo Internacional del Fórum Mundial y presidente del Fórum Mundial de las Alternativas